El Centro Histórico potosino se paraliza y vive entre el silencio y la euforia por el debut mundialista

El arranque del Mundial paraliza el Centro Histórico de San Luis Potosí con comercios cerrados, plazas llenas y festejos en la Glorieta Bocanegra.

La inauguración de la justa futbolística del T-MEC transformó por completo la dinámica comercial y el paisaje urbano de la capital potosina. Desde antes del silbatazo inicial, las calles lucieron desiertas y múltiples comercios cerraron sus puertas por un lapso de tres a cuatro horas, dejando estampas inusuales como la de una tienda de ropa deportiva en la calle Mier y Terán que suspendió actividades dejando un letrero que prometía regresar al finalizar el juego. Esta ausencia vehicular y peatonal propició una deseada tranquilidad en las horas pico, aunque significó una jornada sin ventas para la gran mayoría de los establecimientos fijos.

En contraste con el vacío de las arterias viales, el Mercado Hidalgo y las plazas públicas concentraron la ebullición de los aficionados. Mientras el balón rodaba en la capital del país, la Plaza del Carmen lució abarrotada frente a una pantalla gigante instalada para la transmisión gratuita del partido. El estallido colectivo de júbilo ocurrió con la primera anotación de la escuadra mexicana sobre el conjunto sudafricano, provocando gritos que resonaron desde las ventanas de los imponentes edificios de cantera, mientras los pasillos del mercado se convertían en un eco masivo de televisores encendidos a todo volumen.

La fiebre futbolística dividió las calles entre el desborde pasional y la indiferencia de quienes continuaron con sus rutinas habituales. Espacios tradicionales como la calle Zaragoza y el Café Tokio mostraron un aspecto solitario, permitiendo que algunas familias posaran bajo los balones gigantes de Plaza de Armas y que adultos mayores realizaran compras ajenas al estrés de la cancha. Mientras un silencio similar al de las festividades de año nuevo se apoderaba de los barrios, los únicos que no dieron abasto fueron los repartidores de comida rápida y los comerciantes del Mercado Hidalgo, como Francisco Javier Hernández e Iván Flores «La Mojarra», quienes portaron con orgullo la playera nacional.

La pasividad del entorno urbano desapareció por completo una vez que concluyó el estresante encuentro y sus siete minutos de compensación. Sin importar que este primer resultado no defina el rumbo del torneo, cientos de aficionados invadieron la Glorieta Francisco González Bocanegra para desatar los festejos correspondientes. La celebración colectiva rompió la calma de la tarde y demostró el arraigo del balompié en la sociedad local, confirmando que cualquier mínimo triunfo es el motor idóneo para salir a las calles a portar la camiseta verde.

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