El uso de los recursos públicos y los cargos diplomáticos para el beneficio de proyectos particulares vuelve a encender las alarmas en el servicio exterior mexicano. Desde la mañanera, la reportera Nancy Rodríguez, ha puesto bajo la lupa el actuar de María Elena Orantes, cónsul de México en Houston, Texas, quien ha sido señalada de desviar la naturaleza de su encomienda institucional para priorizar intereses de corte personal y partidista.
Las acusaciones, fundamentadas en denuncias de la comunidad de migrantes radicada en territorio estadounidense, indican que la funcionaria ha realizado viajes a Europa con la finalidad de promover la asociación civil de mujeres «50+1», un colectivo con fuerte presencia de figuras vinculadas a la oposición política. Este comportamiento desvirtúa la verdadera función de las sedes consulares, las cuales deben operar de manera estricta en favor de los derechos y necesidades de los connacionales en el extranjero y no como plataformas de proyección mediática o redes de influencia privada.
Ante estos cuestionamientos que empañan la seriedad de la representación diplomática, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, calificó de inaceptable cualquier desvío de las funciones consulares para agendas ajenas al bienestar público. La mandataria fue enfática al señalar que de confirmarse estas acciones, el desempeño de la funcionaria resulta reprobable, toda vez que los consulados no se crearon para la promoción individual ni para el impulso de partidos u organizaciones independientes.
La titular del Ejecutivo Federal remarcó que la prioridad absoluta e indiscutible de cualquier cónsul o embajador radica en el acompañamiento y respaldo de los migrantes mexicanos. En consecuencia, advirtió que la Secretaría de Relaciones Exteriores ya ha tomado nota de la situación con el fin de emitir el correspondiente llamado de atención y revisar las medidas necesarias para evitar que las sedes de representación nacional sigan siendo utilizadas como pasarelas de autopromoción internacional.





