La coalición oficialista enfrenta tensiones internas debido a las exigencias de la dirigencia nacional hacia el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT). De cara a las elecciones de 2027, Morena busca que sus aliados cierren el paso a perfiles con nexos delictivos o que violen las normas anti-nepotismo.
Esta advertencia coincide con la fecha límite de este jueves, cuando el Instituto Nacional Electoral (INE) definirá cuáles organizaciones obtendrán su registro como nuevos partidos políticos, abriendo la posibilidad de un relevo en las alianzas.
El partido guinda mantiene la mira en dos agrupaciones con afinidad absoluta al proyecto de la Cuarta Transformación: «México tiene Vida«, respaldada por el empresariado regiomontano, y «Que siga la democracia«. Esta última alberga a liderazgos y familiares de mandatarios morenistas que perdieron espacio en el partido principal.
La coyuntura debilita la posición negociadora del PVEM y el PT, especialmente tras los resultados de Coahuila que demostraron el escaso peso electoral de los partidos satélite cuando compiten de forma individual frente a las fuerzas mayoritarias.
El panorama se torna complejo en el ámbito de la seguridad, donde trascendió que la Secretaría de Seguridad federal alista operativos enjambre contra alcaldes afiliados al PT.
Paralelamente, el distanciamiento con la cúpula del Partido Verde se ha agudizado notablemente; fuentes internas revelan que en Palacio Nacional no han querido recibir al senador Manuel Velasco, lo que refleja la tensión actual. Ante este escenario, operadores del partido del tucán intentan mitigar la crisis ofreciendo posiciones plurinominales a mandos federales de seguridad, mientras la oposición aguarda el fallo del INE.





