En la política potosina la memoria suele ser corta, pero el cinismo goza de una longevidad envidiable. El libreto para colonizar la boleta electoral no cambia de renglón; únicamente muda de siglas, de membrete y de operadores de ocasión.
La unción de Alejandro Leal Tovías al frente de Construyendo Sociedades de Paz (PAZ) en San Luis Potosí —por invitación directa del pastor y reciclador profesional de franquicias partidistas, Hugo Eric Flores Cervantes— no representa un despertar cívico ni una auténtica vía alterna para el electorado. Es, con toda claridad, el arranque del enésimo intento del oficialismo local por acaparar casillas, pulverizar a la oposición y adueñarse del debate rumbo a la sucesión de 2027.
Para descifrar la maniobra basta mirar el retrovisor inmediato del proceso 2024. En aquella contienda, el ala operada desde las sombras por Ricardo Gallardo Juárez diseñó y echó a andar el experimento de Movimiento Laborista: un partido satélite prefabricado que no buscaba ganar conciencias ni defender a la clase trabajadora, sino estrangular los espacios de competencia legítima.
Aquella franquicia funcionó como un ariete táctico para copar candidaturas, fragmentar el voto de los inconformes, simular pluralidad en los debates públicos y cerrar cualquier rendija por donde pudiera asomarse una oposición real. Una vez exprimida su utilidad electoral y tras perder el registro ante la falta de arrastre popular, el cascarón fue desechado sin el menor remordimiento.
Para muestra un botón: el actual alcalde de Rayón, Baltazar Tello Pérez ganó la elección por dicho partido. No habían pasado ni 48 horas, es más, no le habían ni dado la constancia de mayoría, cuando ya había anunciado su afiliación al PVEM.
Hoy la puesta en escena se repite con un elenco que raya en el absurdo pragmático. Alejandro Leal Tovías, el mismo hombre que encarnó las entrañas del gobierno de Juan Manuel Carreras como titular de la Secretaría General de Gobierno y que fue señalado en incontables discursos como parte medular de la denostada “herencia maldita”, fue absuelto por decreto retórico desde el Palacio de Gobierno apenas tocó las filas del Partido Verde.
Aquella breve pasantía de Leal por el ecologismo no fue un fracaso, sino una escala técnica de aclimatación. Concluido el bautismo y la absolución, el exsecretario ahora asume la dirigencia de PAZ proclamando una pulcra relación de “amistad y respeto” con el régimen que en el papel debería de competir o confrontar.
La alianza entre el pragmatismo gallardista y el oportunismo de Hugo Eric Flores no deja lugar a la inocencia. Flores ha vivido de transmutar siglas —del extinto PES original al Encuentro Solidario y ahora a PAZ— para negociar tajadas de prerrogativas y presencia territorial. Entregarle la sucursal potosina a un operador del viejo régimen, hoy reconciliado y domesticado por el poder estatal, no obedece a una construcción ciudadana, sino a la colocación de un caballo de Troya institucional.
La pregunta de fondo no es qué valores defenderá este nuevo intento de partido, sino a qué intereses servirá de parapeto en la boleta de 2027. San Luis Potosí no está presenciando el nacimiento de una alternativa democrática; está atestiguando la apertura de una nueva sucursal del oficialismo diseñada para simular contienda, dispersar a los votantes críticos y garantizar que, gane quien gane en apariencia, el monopolio de las decisiones permanezca en la misma mesa.





