En medio de los señalamientos que buscaban fincar responsabilidades políticas por las movilizaciones, el alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos desarticuló las acusaciones emitidas por el diputado Héctor Serrano, al tiempo que evidenció las carencias informativas en las posturas del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, manteniendo una postura de neutralidad institucional que evitó la confrontación directa pero no escatimó en profundidad crítica.
El desmantelamiento de la narrativa de Héctor Serrano
Con una respuesta que apeló a la memoria histórica de la trayectoria del legislador, Galindo Ceballos rechazó tajantemente estar detrás de las manifestaciones periodísticas. El edil expuso las viejas prácticas operativas que Serrano implementaba durante su paso por la política de la Ciudad de México, sugiriendo de forma implícita que el legislador juzga las dinámicas locales bajo el viejo esquema de la manipulación de masas, un modelo que resulta ajeno a la realidad del ecosistema de medios potosino. Al calificar como un intento de desvío los señalamientos del diputado, el alcalde redirigió el foco de atención hacia el verdadero origen del conflicto: las implicaciones penales de la legislación propuesta por Serrano.
Galindo dejó al descubierto el impacto restrictivo de la polémica reforma orientada a la inteligencia artificial y la difusión de contenidos digitales. Lejos de ceder ante la confrontación personal, Galindo detalló la existencia de carpetas de investigación reales que ya involucran a más de una decena de comunicadores y ciudadanos, desmontando el discurso oficialista que minimiza los riesgos de la ley. Al contrastar las acusaciones del legislador con la apertura al diálogo de su propia administración, el alcalde evidenció la desconexión de Serrano respecto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la información, quienes acudieron al recinto legislativo de manera legítima y autónoma.
La desinformación del Ejecutivo y el costo internacional
En un segundo plano de la disputa, los señalamientos emitidos por el gobernador del estado, quien pretendió calificar la movilización como un movimiento de carácter estrictamente municipal, recibieron una réplica institucional que exhibió la falta de rigor técnico en el círculo cercano del mandatario.
Galindo Ceballos lamentó la desinformación sistemática en la que incurre el Ejecutivo Estatal al fijar posturas sin el sustento de evidencias claras. A través de un manejo discursivo que priorizó el respeto a la figura del gobernador, el edil capitalino evitó profundizar en una confrontación abierta de dos vías, optando por señalar que la participación de trabajadores municipales en las protestas ocurrió bajo el amparo de sus derechos laborales y libertades individuales en periodos vacacionales.
El trasfondo más complejo de esta coyuntura radica en el costo reputacional que la llamada «Ley Serrano» está generando para la entidad. El alcalde enfatizó que la discusión ha trascendido las fronteras potosinas para colocarse de forma negativa en la agenda de los principales diarios internacionales, como el New York Times y El País, debido al riesgo latente que representa para el ejercicio de la libre expresión.
Al rehusarse a caer en provocaciones directas y centrar el debate en las consecuencias jurídicas de la ley, Galindo Ceballos colocó la responsabilidad del desgaste político en el Congreso y el Gobierno del Estado, dejando en claro que el intento de politizar las libertades civiles ha colocado a San Luis Potosí bajo un escrutinio internacional sumamente adverso.





