A medida que se acerca el horizonte electoral de 2027, los movimientos políticos en San Luis Potosí comienzan a medirse no solo por las alianzas que se suman, sino por los lastres que se arrastran. En este escenario, la figura de Héctor Serrano se ha consolidado como una carga incómoda y cada vez más pesada para el proyecto que encabeza el gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Lo que en algún momento pudo entenderse como un acuerdo de lealtad u operación política, hoy se percibe abiertamente como un equipaje tóxico que erosiona la credibilidad gallardista.
Los escándalos acumulados, las controversias públicas y los reiterados errores de Serrano ya no logran camuflarse como incidentes aislados. En política, la percepción es realidad, y la ciudadanía potosina observa con creciente desconfianza un entorno que contradice los discursos de renovación y cambio. Cada declaración desafortunada o acción cuestionable del colaborador se traduce de inmediato en un costo directo a la narrativa de Gallardo, debilitando la simpatía popular que sostiene al grupo en el poder.
Mantener a Serrano cerca representa un riesgo estratégico que el gallardismo difícilmente podrá ignorar por mucho tiempo. La militancia interna y la sociedad civil no ven esto como un simple bache de relaciones públicas, sino como un obstáculo de fondo que amenaza la viabilidad electoral a mediano plazo. En un electorado cada vez más crítico, la tolerancia hacia figuras desgastadas del pasado caduca de forma acelerada.
Al final, la crisis actual no es un accidente, sino la consecuencia directa de una conveniencia mal calculada. Gallardo permitió el crecimiento y la influencia de Serrano porque servía a sus propios intereses de control político, alimentando a un actor cuestionable mientras le fuera útil para consolidar su estructura.
Hoy, esa complicidad táctica se ha convertido en su peor trampa. La incapacidad del mandatario para marcar una distancia real delata una preocupante falta de liderazgo y una preocupante sumisión a compromisos del pasado; una debilidad que ya hunde de manera muy anticipada el ya fallido proyecto de 2027 antes de que siquiera logre empezar.





