A horas de que Enrique Galindo monte la pasarela de su Segundo Informe, la capital amaneció con tres protestas sincronizadas por desabasto de agua. La puntualidad milimétrica de las movilizaciones revela la prisa de una maquinaria política interesada en fabricar un clima de crisis justo antes del discurso oficial.
El timing no resiste el menor análisis técnico: los bloqueos estallaron cuando el servicio en las colonias afectadas por la enésima fractura de El Realito ya había sido restablecido. Quienes diseñaron la protesta calcularon la fecha con el calendario electoral en la mano, no con el nivel de las presas ni con los reportes de fugas.
Más que una demanda vecinal genuina, la puesta en escena simultánea funciona como un intento burdo por desviar reflectores y aguar la fiesta de resultados del alcalde. La sed de la gente, una vez más, reducida a mera utilería partidista.







