«La escultura no es solo forma en el espacio, es una provocación viva que transforma a quien la habita y la escucha.»
—Federico Silva
¿Cómo se transforma el metal —materia pesada e industrial— en una arquitectura de aire, resonancia y movimiento? ¿De qué manera el arte conceptual expone la cara viva del trabajo manual y la singularidad de cada gesto? ¿Qué sucede cuando el cuerpo de una bailarina habita la geometría de una escultura que también es un instrumento sonoro?
En el marco del 23 aniversario del Museo Federico Silva Escultura Contemporánea, la exposición antológica Levitaciones e Hipersuperficies, con curaduría de Emmanuel Albarrán, propone un diálogo rotundo entre la arquitectura del recinto y la investigación plástica de Ricardo Rendón.
La obra de Rendón, respaldada por una trayectoria que lo ha llevado a exponer en recintos de prestigio internacional como el Museo Reina Sofía en España, el Künstlerhaus Bethanien en Alemania o el Museo Tamayo en México, articula en este espacio un juego sutil e imponente con las formas del metal. A través de varillas curvadas, aros suspendidos y placas metálicas, el artista despoja al material de su rigidez habitual para otorgarle un carácter aéreo, casi ingrávido. La materia no solo ocupa un lugar: dibuja trayectorias en el espacio, genera tensiones visuales y proyecta sombras que reconfiguran el piso de cantera del museo.

Pero la propuesta de Rendón va más allá de la plástica tridimensional. A través del arte sonoro y el paisaje sonoro —disciplina que imparte como docente en la ENPEG «La Esmeralda»—, las estructuras metálicas adquieren una dimensión acústica activa. El creador, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2006, percute, vibra e interactúa directamente con sus piezas, transformando la sala en una caja de resonancia donde el gesto manual y el proceso cobran vida.
Como señalaba la crítica Paula Braga, su trabajo hace explícita la metafísica de las cosas en las cosas mismas, lo que explica que sus obras formen parte de acervos fundamentales como la Colección JUMEX, el MUAC, el Museo de Arte Moderno de São Paulo o la Cisneros Fontanals Art Foundation en Miami.
Esta geografía tridimensional y sonora encontró un despliegue performático con la participación de la bailarina Laura Pacheco. Al adentrarse en la instalación, la bailarina no solo habita el espacio entre las curvas de hierro, sino que convierte la disposición de las esculturas en una auténtica posibilidad coreográfica. Pacheco se desplaza, se pliega y extiende sus movimientos en consonancia con los aros suspendidos y las hipersuperficies metálicas, logrando una síntesis poética donde el cuerpo humano y la escultura vibran bajo un mismo pulso.

Esta imperdible muestra estará abierta al público durante los próximos meses, ofreciendo a las y los visitantes la oportunidad de recorrer, escuchar y habitar una de las propuestas escultóricas contemporáneas más sugerentes del país. Cabe extender una sincera felicitación a Rabinal Gamboa, director general del Museo Federico Silva, así como a todo su equipo de trabajo, por la impecable gestión y la incansable labor que realizan para mantener vivo y con absoluta vigencia el dinamismo de este emblemático espacio.
Celebrar 23 años de existencia del Museo Federico Silva no es un trámite institucional; es un acto de resistencia cultural. A lo largo de más de dos décadas, frente a los vientos y mareas de distintas administraciones políticas y presupuestales —incluyendo las tensiones de los tiempos presentes—, este recinto se mantiene firme como un espacio pionero y referente indispensable para la escultura contemporánea en México y América Latina. La presencia de Levitaciones e Hipersuperficies de Ricardo Rendón reafirma la vocación original del museo: ser un organismo vivo donde la materia, el sonido y el cuerpo sigan encontrándose para cuestionar y conmover al espectador. Que sigan los años, el metal vibrando y el arte abriéndose paso contra toda tempestad.
Hasta la próxima.





