Investigadores de la Universidad Técnica de Viena (TU Wien) y del Physikalisch-Technische Bundesanstalt (PTB) de Braunschweig lograron un hito tecnológico al construir el primer reloj nuclear autorregulado y autónomo. A diferencia de los relojes atómicos convencionales que miden la oscilación de los electrones, este nuevo dispositivo opera con transiciones energéticas dentro del núcleo atómico —específicamente entre protones y neutrones—, lo que lo vuelve significativamente más resistente a interferencias electromagnéticas y perturbaciones externas.
El avance se fundamenta en el uso del isótopo torio-229, cuyos estados energéticos nucleares se encuentran extraordinariamente próximos, permitiendo su manipulación mediante un láser óptico de alta precisión desarrollado junto con el Instituto Max Born de Berlín. El sistema incorpora un mecanismo de retroalimentación activa que detecta fluctuaciones térmicas y corrige automáticamente la frecuencia de la luz láser, logrando funcionar de manera independiente durante más de un día con una estabilidad que equivale a un desvío de apenas un segundo cada 30 millones de años.
El prototipo, cuya señal fue verificada frente a un reloj atómico óptico de iterbio del instituto austriaco BEV-PTP, abre amplias perspectivas en la física de frontera. A pesar de ser un formato compacto y sólido, la tecnología ya comenzó a emplearse en la búsqueda de bosones escalares vinculados a la materia oscura, logrando estrechar los límites de detección anteriores en casi tres órdenes de magnitud, en un campo de desarrollo donde también compiten equipos internacionales como la Universidad de Tsinghua en China.





