Fracasa movilización oficial para evento mundialista: coerción laboral en Gobierno del Estado no logra ocultar gradas vacías

El fallido intento del gobierno de Ricardo Gallardo por llenar el Estadio Libertad Financiera durante la inauguración del Mundial expone el uso de registros obligatorios y el acarreo de burócratas.

El arranque de la Copa del Mundo y el debut de la Selección Mexicana se perfilaron como el escenario ideal para que la administración de Ricardo Gallardo Cardona proyectara una imagen de cohesión y respaldo masivo. Sin embargo, la estrategia gubernamental terminó por evidenciar los mecanismos de control e imposición ejercidos sobre los trabajadores del Estado, quienes fueron obligados a asistir bajo un estricto control de asistencia.

Fuentes internas y testimonios del personal civil confirmaron que la convocatoria no fue opcional. Las dependencias públicas implementaron listas de registro obligatorio para el personal de confianza y miembros de los sindicatos, transformando un evento de sano esparcimiento deportivo en una jornada de asistencia forzada. Esta medida de coerción buscaba asegurar un lleno que, de manera genuina, el ejecutivo estatal ya no convoca.

Pese a la presión laboral ejercida desde las cúpulas del poder, el operativo de movilización civil resultó insuficiente. Reportes del lugar indican que el recinto deportivo apenas alcanzó una quinta parte de su aforo total. Para mitigar el impacto visual del ausentismo, los organizadores concentraron a la multitud en un solo sector del graderío, una táctica habitual de propaganda que buscaba facilitar encuadres fotográficos cerrados y simular un éxito que los hechos contradicen.

Entre la comitiva oficial captada en el sitio destacó la presencia de Juan Carlos Torres Cedillo, actual secretario de Cultura, junto a directivos de la misma dependencia como Rabinal Gamboa López, Ruth Ramírez, Carlos Reyes, Emilio Eduardo y Marco Tulio. La asistencia en bloque de la plana mayor de la cultura estatal, acompañada por sus respectivos equipos de trabajo subordinados, refuerza las denuncias sobre la instrumentalización de las instituciones públicas con fines de culto a la imagen política.

El episodio deja al descubierto el desgaste en los esquemas de convocatoria social del gobierno actual. La dependencia de pases de lista y el traslado condicionado de servidores públicos demuestran que el entusiasmo en los eventos oficiales ya no emana de la ciudadanía, sino de la exigencia institucional, dejando en claro la brecha entre la narrativa gubernamental y la realidad social.

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