La noche del martes 30 de junio, el Estadio Azteca fue escenario de un fenómeno que trascendió lo deportivo. La anotación de Julián Quiñones, que abrió el camino para el triunfo de la Selección Mexicana por 2-0 sobre Ecuador, generó una respuesta colectiva de tal magnitud que los sismógrafos de la Ciudad de México detectaron vibraciones en el suelo de la capital.
De acuerdo con los reportes de la Plataforma Digital de Alertamiento y Gestión Integral de Riesgos de México, la estación de monitoreo RaspberryShake, ubicada en las inmediaciones del coloso de Santa Úrsula, registró una señal artificial de consideración. El organismo técnico detalló que el impacto acústico y el movimiento de miles de aficionados celebrando al unísono provocaron las ondas registradas por sus instrumentos en el terreno local.
La histórica anotación ocurrió al minuto 21 de la primera mitad. Tras una recuperación de balón por parte de Luis Romo en el mediocampo, Roberto «El Piojo» Alvarado asistió con un trazo largo a Quiñones, quien definió frente al guardameta ecuatoriano para romper el empate. Este gol representó el primer paso firme del conjunto local en un partido que comenzó con contratiempos, ya que una tormenta eléctrica previa obligó a postergar el inicio del juego por un lapso de sesenta minutos.
Con este resultado, combinado con una segunda anotación que selló el 2-0 definitivo, el combinado mexicano aseguró matemáticamente su clasificación a los octavos de final de la Copa Mundial 2026. El rendimiento mostrado ante el conjunto sudamericano consolida la posición del equipo en la fase de eliminación directa tras un encuentro de alta intensidad en la capital del país.






