En la política local, la realidad a menudo depende de quién tiene el micrófono y quién tiene la pala. El reciente episodio en el nuevo paso a desnivel de la Fenapo es la prueba definitiva de que en la administración actual, el pavimento y la verdad tienen algo en común: son altamente maleables. Mientras el gobernador adopta una estrategia mucho muy audaz al negar la aparición de un megabache, —con daño de tuberías incluido— en su nuevo «bebe», el boletín oficial de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop) confirma la reparación de un pozo de visita desplazado en una zona lateral de la obra.
El contraste es, por decir lo menos, surrealista. La Seduvop, en su afán por proyectar eficiencia, emite un comunicado que detalla trabajos de supervisión, atención y mantenimiento preventivo ante las lluvias. Hablan de un pozo, de una tapa desplazada y de una intervención técnica necesaria para garantizar la movilidad. Todo suena coordinado, profesional y, sobre todo, institucionalmente correcto.
Sin embargo, en la grabación del sitio, el discurso se quiebra. Ante la evidencia física del bache, el gobernador se embarca en un ejercicio de prestidigitación discursiva donde el desperfecto parece esfumarse o, en el mejor de los casos, reducirse a una confusión técnica que no debería ser noticia.
¿Cómo se puede reparar algo que, para el máximo titular del Ejecutivo, simplemente no existió? La contradicción es palpable. Si la Seduvop tuvo que enviar personal a intervenir, es porque el daño era innegable y representaba un riesgo para los usuarios. Al intentar ocultar la magnitud del bache o restarle importancia hasta el punto de la negación, el gobierno no solo falta al respeto a la inteligencia de los potosinos, sino que desnuda una fragilidad mayor: la incapacidad de admitir errores básicos de construcción.
La Seduvop tapa el bache, pero el gobernador intenta tapar el hecho con palabras. Al final, lo que queda expuesto no es solo la mala calidad e improvisación en las obras públicas, sino evidencia de un gobierno que prefiere ignorar la realidad antes que reconocer sus errores.





