El destino de la Unidad Deportiva Satélite ha dado un giro radical que genera descontento entre los habitantes de la comunidad. Diseñado originalmente como un pulmón recreativo y un punto de encuentro vecinal, este complejo deportivo experimenta una metamorfosis donde el beneficio social parece haber sido desplazado por un modelo de gestión meramente recaudatorio, transformando un derecho comunitario en un servicio de pago.
En sus inicios, la gestión vecinal apostó por un equilibrio sustentable. La construcción de canchas llaneras, juegos infantiles y un auditorio techado convivía con una cancha de fútbol destinada al alquiler, cuya única finalidad era generar los ingresos necesarios para el mantenimiento de todo el complejo. Sin embargo, la lógica del autofinanciamiento inicial se distorsionó con el paso de los últimos 3 años, dando pie a una sustitución sistemática de las áreas de acceso libre.
La desaparición de los espacios gratuitos comenzó de manera gradual. Una de las canchas llaneras originales fue eliminada para dar paso a una alberca que opera bajo el cobro de cuotas de acceso. A esta infraestructura se sumaron un gimnasio privado y canchas de fútbol rápido que también exigen un pago por su uso. La alerta actual entre los usuarios se intensifica ante el plan de sustituir la cancha principal, elemento central que dota de amplitud visual al complejo, por una de pasto sintético orientada exclusivamente al negocio del arrendamiento.
Hoy en día, la oferta para quienes no pueden o no desean pagar es alarmantemente reducida. El tejido social de la colonia se aferra a la pista periférica, utilizada por niños en bicicleta y caminantes, junto a dos canchas de básquetbol al aire libre, dado que incluso el auditorio techado ha sido restringido bajo el esquema de rentas.





