La violencia en el Estado de México alcanzó de lleno a la escena musical independiente. Jonathan “Honas” Meléndez, tecladista fundador de la banda Camilo Séptimo y productor, fue asesinado la noche del 1 de septiembre dentro de su domicilio en Atizapán de Zaragoza. En el mismo ataque murieron su esposa, con cuatro meses de embarazo, su hija de tres años y una trabajadora del hogar.
La escena, marcada por la brutalidad contra un entorno familiar completo, dejó a un único sobreviviente: un menor de seis años que fue hallado por las autoridades ileso en el lugar.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) confirmó la detención de dos hombres presuntamente implicados en el multihomicidio: Diego Sebastián “N” y Gerardo “N”. De acuerdo con los primeros reportes de la investigación, Diego Sebastián mantenía una relación de negocios previa con el músico como su socio, una línea que las autoridades ministeriales integran a la carpeta para esclarecer el móvil económico o personal detrás del crimen.
Ambos sujetos permanecen a disposición de las autoridades judiciales, quienes definirán su situación legal y el grado de responsabilidad formal en las próximas horas. No obstante, el caso vuelve a exhibir la vulnerabilidad cotidiana frente a la inseguridad en territorio mexiquense, donde los conflictos interpersonales o económicos escalan con rapidez a niveles letales sin contención preventiva alguna.
Meléndez, de 38 años, no solo construyó la identidad sonora de Camilo Séptimo a través de sus sintetizadores desde el origen de la agrupación, sino que también impulsaba proyectos paralelos como Mangata y trabajos de producción para otros creadores.





