El Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional en San Luis Potosí optó por la salida rápida ante una crisis de lealtades que ya resultaba insostenible. La designación de Ana Bettzy Coronel Bribiesca como presidenta provisional del Comité Municipal de la capital pretende proyectar el inicio de una reestructuración interna profunda, aunque el movimiento deja ver más un intento por contener el daño que una verdadera renovación.
La remoción de la directiva saliente no ocurrió en el vacío ni obedeció a una planificación estratégica de rutina. Se produjo tras el señalamiento directo a su expresidente Luis Mejía, captado distribuyendo despensas en favor del PVEM. Un episodio que no solo vulnera la disciplina estatutaria del tricolor, sino que expone la fragilidad de sus estructuras operativas en la capital del estado, donde la pertenencia ideológica parece haber quedado subordinada a conveniencias externas.
Frente a este escenario, la narrativa oficial del priismo potosino apela a la defensa de sus valores fundacionales y al fortalecimiento institucional. Sin embargo, el nombramiento de una dirigencia provisional plantea interrogantes sobre la capacidad real del partido para recomponer sus filas sin recurrir a parches de emergencia. Garantizar el apego a los principios estatutarios requerirá más que un relevo cupular; exige fiscalizar la permeabilidad de sus cuadros ante intereses ajenos.
Respecto a la reciente adhesión de Alejandra Méndez Rosas, aún secretaria general del Comité Municipal del partido, a las filas del movimiento liderado por el empresario Gerardo Sánchez Zumaya, el partido se abstuvo de comunicar el estatus de la militante y si existe algún procedimiento interno en su contra.





