Existe un puente invisible pero eterno que conecta los paisajes brumosos de Lancashire, Inglaterra, con los senderos verdes de la Huasteca Potosina. Ese lazo indisoluble lleva el nombre de Leonora Carrington, la extraordinaria artista surrealista que encontró en el corazón de México el espacio perfecto para que sus sueños cobraran vida en bronce y óleo. A través de su figura, el estado potosino e Inglaterra permanecen hermanados en una complicidad mística que desafía fronteras.
Nacida en el seno de una aristocrática familia británica en 1917, Leonora huyó de las rigideces europeas para refugiarse en México durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, fue a mediados del siglo XX cuando su geografía creativa se expandió hacia San Luis Potosí.
Atraída por la invitación de su entrañable amigo, el poeta, arquitecto, escultor y mecenas inglés Edward James, la artista comenzó a realizar viajes frecuentes al pueblo mágico de Xilitla. Esas estancias intermitentes, que se extendieron desde la década de 1940 hasta los años 70, no fueron simples visitas turísticas, sino auténticos retiros espirituales en los que Carrington absorbió la energía indomable de la selva potosina.

En la exuberancia de Xilitla, la pintora y escritora halló una réplica tropical de los bosques mágicos de la mitología celta que su niñera le contaba en su infancia inglesa. Esa fusión cultural dio frutos únicos. Un testimonio de esa época de gozo creativo es el mural El Minotauro, plasmado en las paredes de la casa de Plutarco Gastélum.

Aunque Leonora nunca se mudó de manera definitiva al estado, la atmósfera huasteca, sus mitos y su vegetación se filtraron profundamente en su paleta de colores y en los relatos fantásticos que escribió durante su madurez.


Hoy en día, esa íntima relación histórica se ha transformado en un legado vivo que cobija a locales y visitantes. Gracias al empeño de su hijo, Pablo Weisz Carrington, San Luis Potosí se convirtió en el custodio oficial de su memoria con la apertura de dos museos en 2018.
El primero, ubicado en el Centro de las Artes de la capital, contrasta de manera hermosa la sobriedad de la cantera potosina con las siluetas oscuras de sus esculturas monumentales, como La Inventora de Atole. El segundo, situado en el mismo Xilitla que la inspiró, cierra un círculo perfecto de gratitud. Así, el misticismo inglés y la calidez potosina se abrazan para siempre en el universo eterno de Leonora.






