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El Centro de las Artes de San Luis Potosí, a pan y agua: la farsa del abandono cultural gallardista

Resulta irónico el uso continuo de la frase "sin límites", cuando lo único que ha demostrado no tener límites es el descuido y el abandono de la cultura en este sexenio de la "gallardía"

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«Donde la cultura se reduce a espectáculo para el consumo fácil, la sociedad olvida cómo pensar; la barbarie no empieza destruyendo recintos, sino vaciándolos de sentido.» — Zygmunt Bauman.

En la celebración del 18 aniversario del Centro de las Artes de San Luis Potosí CEART), en la inauguración de su exposición “Reflejo atemporal”, el maestro Bernardo Calderón —uno de los más destacados e insignes creadores de nuestro estado, miembro del Sistema Nacional de Creadores—, destacó de manera contundente su discurso. Un discurso que no tuvo cortapisa, que cuestionó severamente cómo en distintos sexenios se ha usado la cultura para fines políticos, pero como pocas veces como hoy día, se había visto una manera de vilipendiar a este centro, a sus creadores y a su planta docente.

Se mencionó que en 18 años el CEART en vez de evolucionar, parecía haber involucionado, haber retrocedido. Se habló de las altas cuotas que los maestros se ven obligados a cumplir a nivel de captación de alumnos para que estos mismos paguen de alguna manera los salarios que sostienen la permanencia docente, provocando que algunos, al no alcanzar justamente esas cuotas, fueran deshabilitados de sus puestos.

En las distintas inauguraciones de esa noche celebratoria, pudimos ver de pronto cómo incluso un brindis, para una fecha tan necesaria, se limitó a unos cuantos alimentos que dejaban ver la carencia y la severa crisis económica que padecen los recintos culturales en San Luis Potosí por “falta de recursos”.

Frente a esto, una voz predominantemente crítica en el estado cuestionaba: ¿Cuál falta de recursos del gobierno del estado o de la Secretaría de Cultura, si tuvimos a Katy Perry en la Feria Nacional Potosina? ¿Si hemos tenido artistas que en suma costaron más de 300 millones de pesos al erario potosino? ¿Cómo es posible que no se pueda sostener la infraestructura cultural de San Luis Potosí? Pareciera que la misión ha sido colocar funcionarios que no tienen un ápice de idea cultural, y por ende, no llevar la defensa presupuestal a estos recintos sino solo parecer ser celadores que mal resguardan la integridad de docentes, trabajadores y espacio en general.

Llamó profundamente la atención cómo con la nueva directora del Centro de las Artes, Laura Luz García Lumbreras, se volvía una necesidad constante, por parte de funcionarios y fotógrafos, registrar su presencia y seguir a una figura como si se tratara de un personaje político de relevancia. Se trata de una funcionaria que tendría que llegar a mejorar las políticas del centro pero que, al no tener una idea clara de su misión, refleja esa falta de rumbo en la carencia de resultados, en la ausencia de decisiones y en el declive del recinto. Urge hacernos preguntas respecto al Centro de las Artes: ¿En qué se convertirá? ¿En un centro más que no cumple el propósito original de la profesionalización de artistas y creadores?

Es lamentable cómo no solo en el Centro de las Artes, sino en diversos espacios (Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes, Museo Federico Silva, entre muchos otros), los recintos culturales se van vaciando de propósito. Al no tener un sentido claro, muchos de ellos empiezan a perder su punto de equilibrio. Sin duda, este sexenio ha sido el del abandono de la infraestructura y de los proyectos culturales en San Luis Potosí, los cuales siguen sobreviviendo más que nada por trabajadores y creadores leales; por funcionarios que aún intentan mantener la congruencia sin dejarse llevar por la zalamería política hacia el gobernador del estado, cuya mención obligada en cada evento resulta francamente engorrosa e indigna.

Resulta irónico el uso continuo de la frase «sin límites», cuando lo único que ha demostrado no tener límites es el descuido y el abandono de la cultura en este sexenio de la «gallardía», dando pie únicamente a la parafernalia y a los gastos excesivos en cultura de masas, bajo una lógica muy clara de pan y circo para el pueblo.

La historia nos muestra que este fenómeno de instrumentalización no es nuevo. Durante la Florencia del siglo XV, el modelo de mecenazgo de los Médici derivó en ocasiones en la utilización del arte como un sofisticado aparato de propaganda política; la inversión desmedida en festivales deslumbrantes y boato público servía para distanciar a la ciudadanía del debate crítico y legitimar el poder, descuidando el desarrollo intelectual genuino a favor del espectáculo.

Del mismo modo, en el plano teatral, la farsa grotesca de Alfred Jarry, Ubú Rey, retrata con agudeza la figura del gobernante voraz e insaciable que, guiado por la ignorancia y el capricho, desmantela las instituciones y vacía de sentido la administración pública para sustituir la razón por la pura extravagancia autoritaria. Asimismo, Nikolái Gogol en El inspector expone la farsa de una burocracia incompetente y servil, preocupada únicamente por montar fachadas de prosperidad y adular a la autoridad superior ante la inminente llegada de un funcionario, mientras las verdaderas necesidades de la comunidad caen en la ruina y el abandono.

Ante este panorama, como ciudadanos y comunidad artística nos corresponde plantear exigencias y propuestas claras para recuperar nuestros recintos:

Auditoría presupuestal y transparencia activa: Exigir un desglose público sobre la asignación de recursos destinados a la cultura, priorizando el mantenimiento de recintos y la remuneración digna de los docentes por encima de eventos masivos de entretenimiento comercial.

Revisión de perfiles directivos: Garantizar que la titularidad de los espacios culturales se otorgue a perfiles con trayectoria, conocimiento técnico y proyecto pedagógico comprobable, evitando cuotas políticas y el uso de las instituciones como escaparates de imagen personal.

Reestructuración de la condición laboral y académica en el CEART: Eliminar las metas de captación de alumnos como factor condicional para la permanencia de los maestros, asegurando salarios base dignos para quienes sostienen la formación artística.

Creación de un Consejo Ciudadano de Contraloría Cultural: Conformar un órgano independiente de creadores, académicos y promotores que vigile el cumplimiento de los objetivos originales de profesionalización, investigación y creación en los centros culturales del estado.

Recuperar el Centro de las Artes y la infraestructura cultural de San Luis Potosí exige entender que el arte no es un adorno de la burocracia ni un bien prescindible, sino el espejo crítico y la memoria viva de nuestro pueblo. Defender la permanencia de sus creadores y la dignidad de sus aulas es impedir que la ignorancia oficial determine el horizonte de nuestra comunidad, porque cuando un centro cultural se apaga bajo el peso del descuido y la banalidad, es la ciudadanía entera la que pierde la posibilidad de pensarse a sí misma.

Hasta la próxima

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