“Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos. La participación sólo existe cuando la voz de la comunidad pesa.”
— Eduardo Galeano
¿Somos los consejos ciudadanos un contrapeso real frente al poder o terminamos convertidos en un apéndice más de la administración en turno? ¿De qué sirve abrir un foro si las propuestas de la comunidad terminan archivadas por falta de voluntad política o presupuesto? ¿Cómo evitar que estos ejercicios se reduzcan a una pasarela de buenas intenciones cuando los reflectores de los grandes festivales se apagan y el gremio regresa a la precarización cotidiana?
Asumir una vocalía en un Consejo Ciudadano de Cultura en San Luis Potosí implica caminar sobre una cuerda floja. La complejidad es innegable: por un lado, se enfrenta la burocracia institucional, la lentitud de los procesos gubernamentales y la tentación oficialista de usar a los ciudadanos como comparsa para legitimar agendas de temporada. Por el otro, está el desgaste natural de una comunidad artística cansada de promesas incumplidas, retrasos históricos y la falta de políticas permanentes.
Este Consejo Ciudadano de Cultura (2025–2028) está conformado por 18 integrantes —nueve titulares y nueve suplentes— integrados a través de una convocatoria abierta e independiente. Más allá de la trampa administrativa que pretende dividir entre titulares y suplentes, en la práctica hemos decidido trabajar como un colectivo horizontal e indivisible de 18 creadores, gestores y promotores escénicos, plásticos y literarios. Un equipo único que asume los límites del encargo para convertirlos en fuerza colectiva. Nuestro periodo abarca tres años que atravesarán el cierre de la actual administración y los primeros dos años del siguiente trienio municipal;de ahí la urgencia de que las propuestas generadas no sean golondrinas de un solo verano, sino que migren y se consoliden como política pública de largo alcance.
La reactivación del Foro Ciudadano de Cultura —un espacio de diálogo directo que no se convocaba en el municipio desde el periodo entre 2018 y 2021— no debe leerse como una concesión gubernamental, sino como una trinchera ganada por la propia comunidad para exigir cuentas, señalar omisiones y colocar prioridades reales sobre la mesa.
Para que este ejercicio no caiga en la simulación, abordaremos cinco ejes de discusión urgente:
- Formación y profesionalización: Para evaluar la calidad de los programas educativos locales y exigir esquemas de mentoría y acompañamiento continuo a las carreras artísticas.
- Producción, financiamiento y economía cultural: Enfocado en la viabilidad de proyectos, la urgencia de tabuladores públicos y mecanismos transparentes que aseguren pagos justos y frenen la precarización.
- Espacios e infraestructura: Para mapear el abandono en colonias y comunidades fuera del centro histórico y exigir condiciones reales de accesibilidad e infraestructura digna.
- Difusión y formación de audiencias: Centrado en estrategias efectivas de divulgación y la viabilidad de instaurar una defensoría de audiencias que vele por la inclusión y la diversidad.
- Vinculación y redes de apoyo: Orientado a la protección de obras, la capacitación fiscal/administrativa y la colaboración entre colectivos independientes y el sector público.
En la historia de la dramaturgia universal, la célebre obra Fuenteovejuna de Lope de Vega nos recuerda una lección fundamental: el poder institucional solo cede cuando la comunidad organizada asume la voz y actúa con cohesión. Los espacios de consulta no cobran sentido por la firma de un funcionario, sino por la fuerza y la contundencia de las propuestas que la ciudadanía decide sostener en ellos.
Pero el trabajo no termina al cerrar las mesas de diálogo. La exigencia hacia las autoridades debe ser contundente: no aceptaremos documentos para el archivo ni compromisos de escritorio. Exigimos vinculación real, viabilidad presupuestal y continuidad legislativa a los acuerdos alcanzados. Como integrante de este consejo, asumo el compromiso de dar un seguimiento puntual y vigilante a cada propuesta planteada. Del mismo modo, la comunidad artística debe fiscalizar nuestro trabajo y acompañar el proceso; solo con una ciudadanía organizada evitaremos que las decisiones se tomen a puerta cerrada.
Vivimos tiempos donde los espacios para el diálogo y la discusión crítica se cierran de forma sistemática. Hemos atestiguado cómo el silencio ante los atropellos a la cultura se pretende volver parte de la cotidianeidad. Por eso resulta indispensable no solo volcarse a este foro, sino construir puentes que trasciendan lo meramente municipal y golpeen las puertas de las políticas públicas estatales.
Es una urgencia impostergable para San Luis Potosí que la comunidad artística vuelva a hablar, debatir y habitar su trinchera pública; que recupere la fuerza de esa voz colectiva que ha pretendido ser silenciada en los periodos más recientes por el desdén y la imposición de algunas autoridades. El Foro Ciudadano de Cultura no pertenece a la burocracia en turno; pertenece a los creadores, gestores y audiencias que se niegan a callar.
Hasta la próxima
Primer Foro Ciudadano de Cultura | Datos de participación
Sede: Centro Cultural Palacio Municipal (Jardín Hidalgo 5, Centro Histórico, San Luis Potosí).
Fechas y horarios:
Viernes 11 de septiembre: 15:45 a 19:00 horas.
Sábado 12 de septiembre: 09:15 a 13:30 horas.
Registro de participantes: La entrada es libre previo registro. Puedes completar tu formulario de inscripción y consultar previamente los documentos de apoyo en el enlace oficial de la convocatoria: https://forms.gle/y8edumMJrRcxdMZA6.






