Las enormes reservas petroleras de Venezuela vuelven a estar en el centro de la estrategia energética de Estados Unidos. El gobierno del presidente Donald Trump alcanzó un acuerdo con el país sudamericano y la empresa privada North American Blue Energy Partners (NABEP) para aumentar la extracción de crudo, aunque la recuperación de la producción podría requerir varios años.
El acuerdo contempla que Estados Unidos pueda adquirir una participación de 35% en NABEP, además de derechos para comprar parte del petróleo que produzcan las instalaciones operadas por la compañía. El gobierno estadounidense también tendría preferencia para adquirir la producción restante, de acuerdo con los términos difundidos por la Casa Blanca.
La operación resulta inusual porque Washington tradicionalmente ha dejado la explotación petrolera en manos de empresas privadas, sin asumir directamente participaciones en compañías del sector. En este caso, el gobierno de Trump busca tener una posición dentro del negocio petrolero venezolano mientras impulsa la recuperación de la industria.
Venezuela posee más de 300 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo, según datos citados por el Oil & Gas Journal. Esa cantidad supera ampliamente las reservas probadas de Estados Unidos, que rondaban los 81 mil millones de barriles el año pasado.
Sin embargo, especialistas han cuestionado la magnitud de las reservas venezolanas debido a que parte de las estimaciones depende de supuestos sobre la posibilidad de extraer el crudo de manera rentable. A pesar de esas discrepancias, existe consenso en que Venezuela dispone de una de las mayores concentraciones de petróleo del planeta.
La dificultad está en convertir esas reservas en producción. La industria venezolana sufrió años de falta de inversión, deterioro de infraestructura, problemas operativos, corrupción y restricciones financieras. La empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), que mantiene el control sobre los recursos petroleros, no ha logrado recuperar los niveles de extracción registrados décadas atrás.
Durante las décadas de 1970 y 1990, Venezuela llegó a producir más de tres millones de barriles diarios. Para julio de 2026, la producción estimada por la Agencia Internacional de la Energía se ubicó en alrededor de 1.12 millones de barriles por día.
La relación entre Estados Unidos y el petróleo venezolano también ha cambiado con el tiempo. Washington fue durante años uno de los principales compradores del crudo venezolano, pero las exportaciones hacia Estados Unidos se redujeron drásticamente después de las sanciones impuestas por la administración Trump en 2019.
Los envíos comenzaron a recuperarse en 2023 y posteriormente aumentaron, aunque todavía permanecen por debajo de los niveles históricos. Durante los últimos años, una parte importante del petróleo venezolano se ha destinado a China.
El tipo de crudo también representa un reto. Venezuela produce principalmente petróleo pesado, cuya extracción y refinación requieren procesos, infraestructura y equipos especializados. Varias refinerías estadounidenses, sin embargo, están adaptadas precisamente para procesar este tipo de crudo.
El nuevo acuerdo también representa un cambio importante en la participación de compañías privadas en Venezuela. Durante la década de 1990, el país permitió una mayor entrada de capital extranjero, pero en 2007 el gobierno de Hugo Chávez exigió que las empresas redujeran sus participaciones en determinados proyectos petroleros.
Empresas como Chevron aceptaron renegociar sus operaciones y permanecieron en el país, mientras que otras, entre ellas ConocoPhillips y Exxon Mobil, abandonaron Venezuela después de rechazar las nuevas condiciones. Algunas de esas compañías todavía mantienen disputas relacionadas con activos que fueron expropiados.
Chevron ocupa actualmente una posición relevante dentro de la producción petrolera venezolana y mantiene conversaciones para ampliar sus operaciones, una situación que podría incrementar el volumen de crudo producido durante los próximos años.
En cuanto al acuerdo anunciado por Trump, NABEP produce actualmente alrededor de 200 mil barriles diarios y plantea elevar esa cifra a más de un millón de barriles por día. La empresa ha señalado que pretende invertir 100 mil millones de dólares para recuperar instalaciones, desarrollar infraestructura y elevar la extracción.
El gobierno venezolano, por su parte, ha estimado que el acuerdo podría generar alrededor de 200 mil millones de dólares en ingresos fiscales.
No obstante, alcanzar esos objetivos dependerá de factores que van desde la rehabilitación de campos petroleros y plantas hasta la disponibilidad de equipos, capital, infraestructura energética y estabilidad jurídica y política.
Por ese motivo, el incremento de la producción no tendría un efecto inmediato sobre los precios internacionales del petróleo ni sobre combustibles como la gasolina y el diésel. Llevar la producción de NABEP desde aproximadamente 200 mil barriles diarios hasta más de un millón representa un proceso de varios años.
El alcance final del acuerdo dependerá, por tanto, de la capacidad de Estados Unidos, Venezuela y las empresas involucradas para recuperar una industria que conserva enormes reservas, pero que actualmente enfrenta importantes limitaciones para explotarlas a gran escala.





