Despertar de manera sistemática alrededor de las 3 de la mañana es un fenómeno documentado por la Clave de Trastornos del Sueño de la UNAM, Harvard Medical School y la Mayo Clinic. Este comportamiento del descanso responde a la arquitectura misma del sueño: durante la segunda mitad de la noche, el cuerpo transita por fases de sueño más ligero y alcanza el final del cuarto o quinto ciclo biológico, punto en el que el umbral de alerta es considerablemente menor que al inicio de la noche.
Entre los detonantes fisiológicos y hormonales más comunes se encuentra el incremento natural del cortisol, la hormona del estrés, la cual inicia un ascenso gradual a partir de las 2:00 am para preparar al organismo hacia el amanecer. Sin embargo, en personas con ansiedad, estrés crónico o depresión, este repunte biológico se combina con un sistema nervioso hiperalerta, provocando un paso abrupto del sueño ligero a la vigilia completa.
Otras afecciones clínicas frecuentes que fragmentan el descanso nocturno incluyen:
- Apnea obstructiva del sueño: Microdespertares provocados por el cierre temporal de las vías respiratorias y la falta de oxígeno, a menudo acompañados de ronquidos.
- Descensos de glucosa en sangre: Hipoglucemias nocturnas que fuerzan la liberación de adrenalina para estabilizar el azúcar.
- Factores metabólicos y hormonales: Cambios asociados a la perimenopausia o menopausia, así como el consumo tardío de cafeína o cenas copiosas.
Especialistas como Rafael Santana Miranda, de la Facultad de Medicina de la UNAM, advierten sobre la importancia de no automedicarse ni recurrir a remedios caseros sin un diagnóstico adecuado. Debido a que el insomnio de mantenimiento afecta el rendimiento diario y la salud mental, se recomienda acudir con un médico especialista para identificar el origen exacto del problema y recibir el tratamiento correspondiente.





